Menu

Boletines informativos publicados por la Remexcu relacionados con el manejo integral de cuencas, aspectos sociales y políticos, degradación de suelos y servicios ambientales, entre otros temas relevantes...

El volumen nos deja ver que la diversidad biológica de las selvas secas de México es notable.

Como botón de muestra, se enfatiza que la diversidad florística confirma la sospecha que alguna vez aventuró el gran botánico Al Gentry: la riqueza de especies (diversidad Alfa) no se ajusta al paradigma latitudinal (a mayor latitud menos diversidad), pues en las latitudes de México (y, al parecer, en sus contrapartes de Sudamérica) la diversidad es mayor que en latitudes más ecuatoriales. A su vez, el recambio de especies entre localidades dentro de México (diversidad Beta) es inusitadamente alto. El nivel de endemismo es espectacular, alcanzando niveles que rebasan el 50% de las especies de plantas vasculares del país. Dicho endemismo, si bien manifiesto sobre todo a nivel de las especies, incluye también formas de vida endémicas, como el caso de un gremio de especies del género Ipomoea, que en todas partes en que existen son plantas herbáceas trepadoras, mientras que en las selvas secas de México, además de las formas herbáceas, han evolucionado como árboles, a veces de gran porte, que con su floración masiva decoran la selva seca. La exuberancia de especies endémicas también es notable en varios grupos de animales, vertebrados e invertebrados, como lo enfatizan varios de los capítulos del volumen. Destaca también la profusión de plantas útiles que existen en las selevas secas y de cómo dicha utilidad se cristaliza por el profundo conocimeinto etnobiológico, tradicional de sus pobladores. Asimismo se nos ofrece un panorama que permite asomarnos al gran cúmulo de servicios ambientales que la sociedad a nivel local, regional, o incluso nacional derivamos de estos ecosistemas. Aunque con gran sesgo, pues mucha de la información que se aporta en el volumen proviene de uno o pocos sitios relativamente mejor estudiados, la dinámica ecosistémica, es decir “el pulso” ecológico de la selva seca también empieza a entenderse, al tiempo que remarca la necesidad de abordar estudios similares en otras partes del país. No obstante, aún considerando el caso de los sitios mejor estudiados, el volumen hace evidente que mucho nos falta por hacer en varios frentes, incluyendo desde la aplicación de estudios de tipo funcional (dinámica ecosistémica) hasta problemas de manejo y conservación de las selvas secas. Por otra parte en este volumen algo aprendemos de las fascinantes adaptaciones de los seres vivos para lidiar con el ciclo natural selva-semidesierto de las selevas secas (migraciones, escape a la época desfavorable a través de estrategias de latencia, estivación, cambios espectaculares de hábitos alimenticios, como el caso de colibríes que de nectarívoros mudan a dietas más insectívoras, etc.). El caso de la gama de adaptaciones de las plantas a la sequía estacional es espectacular: desde plantas que predeciblemente pierden su follaje en la época desfavorable, hasta plantas que, de alguna forma, son perennifolias, hasta el enigmático caso de plantas que invierten su fenología: se deshacen del follaje en la época de lluvias y lo producen en las secas! La gama de conductas de animales y plantas para acoplarse al ciclo estacional apenas empieza a entenderse, y es claro de nuevo, que mucho nos falta por aprender. En todo caso, lo que resulta claro es que científicamente, no podemos aspirar a entender la forma en que funciona el mundo natural en la Tierra si no entendemos cómo funcionan las selvas secas; más aún, no podemos decir que entendemos la ecología tropical si no estudiamos y entendemos las selvas secas. Pero, de nuevo, alentadoramente, el volumen hace evidente que en estos ecosistemas tenemos un laboratorio viviente que bien podríamos aprovechar para ese fin y, al tiempo, generar información que nos de pautas para aspirar a manejar y conservar estos ecosistemas de cara al futuro.